¿Para qué?

"¿Para qué?" es una gran pregunta, creo yo, pero es una pregunta que está en desuso. Es mi pregunta favorita. La mayoría de la gente prefiere sin embargo el "¿por qué?", que es como más inmediata. A veces hay confusión entre las dos. Y es una pena, porque la primera es más potente.

¿Por qué?

"¿Por qué?" interroga sobre los motivos, las causas, de algo. Uno podría preguntarse, por ejemplo, "¿por qué tenemos un objetivo de déficit en Europa?" y obtener, quizá sí o quizá no, respuestas reveladoras sobre la cuestión.

Las respuestas al "¿por qué?" son, sin duda, muy informativas (si existen, claro está). Ofrecen información sobre las causas de una acción. Sobre su pasado. Nos permiten relacionar causa y efecto, y comprender mejor el razonamiento detrás de algo.

"¿Por qué?" puede aplicarse en caso de necesidad de forma recursiva, de modo que podemos escarbar en la historia y revelar el hilo de razonamientos que han llevado a una situación. Esta técnica recursiva (véase 5 whys en inglés, en español no hay traducción todavía) tiene muchos defensores, algunos de los cuales han hecho una hoja en Excel para facilitar su aplicación.

Como "¿por qué?" es una pregunta que mira al pasado es una gran pregunta para mejorar procesos y procedimientos en curso. Uno se pregunta "¿por qué?" varias veces y a la vista de las respuestas es capaz de examinar el hilo de razonamientos y, quizá con algunas preguntas más, rectificar aquella causa errónea que ha llevado a una situación desagradable o susceptible de mejora.

En resumen, "¿por qué?" es una pregunta importante que debemos preguntar siempre que nos interese mejorar algo.

¿Para qué?

"¿Para qué?", sin embargo, es una pregunta de futuro. Es quizá la inversa temporal de la anterior. Es una pregunta más optimista, creo yo. Mira hacia adelante, hacia lo que queremos conseguir, hacia adónde queremos llegar. Es mi pregunta favorita.

"¿Para qué?" es una pregunta que ahorra dinero, sangre, sudor y lágrimas. Como es una pregunta para interrogar al futuro nos puede evitar muchos problemas: uno puede preguntarse "¿para qué?", oír la respuesta a la pregunta y valorar si esa situación de futuro es mejor que la actual, o es de algún modo deseable. O si, por el contrario, no vale la pena el esfuerzo, y es mejor olvidarse de tomar acciones para hacer ese futuro realidad.

Imagino que también podría aplicarse recursivamente, preguntando varias veces "¿para qué?", con el objetivo de ahondar en el futuro intentando ver cada vez más allá con las respuestas. Supongo que entonces uno podría hacerse una estrategia a golpe de paraqués.

Claro, que "¿para qué?" es una pregunta más difícil de responder. Precisamente porque es una pregunta sobre el futuro, las respuestas a los paraqués son inventadas. Y como son inventadas están sujetas a tergiversaciones, a interpretaciones, a mentiras.

Pero no por ello deberíamos dejar de hacerla. De hecho, como precisamente afecta a nuestro futuro es quizá más importante preguntarnos el "¿para qué?" que el "¿por qué?".

Uno podría preguntarse, por ejemplo, "¿para qué queremos cumplir el objetivo de déficit en Europa?".

Y la respuesta podría ser entonces "para tener mejor sanidad", o para "tener mejor educación", o para "tener un mejor estado de bienestar", o para "tener menos desigualdad", o para "tener una Europa más libre".

Lo único malo de preguntar "¿para qué?", mi pregunta favorita, es, quizá, que te respondan.