Cáritas

Hace unos meses decidí que, con la que está cayendo, debía echar una mano a la gente que lo necesita. Y me hice voluntario de Cáritas. En esta entrada escribo los porqués, los cómos y resumo algunas conclusiones de la experiencia.

Los porqués

Imagino que lo que le lleva a uno a echar una mano a los demás es algo que tiene que ver con la manera en la que le han educado y con la manera en la que ha evolucionado después. Creo que la educación y la evolución personales van convirtiendo cosas en convicciones. Y en mi caso la solidaridad es, para bien o para mal, una de mis convicciones.

No me acaba de gustar comentar estas cosas públicamente, pero artículos totalmente erróneos como éste, por ejemplo me hacen pensar que quizá sea bueno compartir mis experiencias con el objetivo de eliminar algún tópico que se aprovecha políticamente en detrimento de los que más lo necesitan.

Los cómos

Lo primero que pensé es que podría destinar algunos euros a alguna organización que se dedicase a estos menesteres. Pero no estaría del todo seguro de que esos euros estuviesen bien gestionados, que llegarían a la gente que los necesita, por lo que opté en dedicar tiempo al asunto.

Uno podría pensar que es lo mismo (al fin y al cabo el tiempo es dinero, y mi tiempo me lo pago yo) pero la verdad es que la experiencia me ha mostrado, como detallo más abajo, que hay una gran diferencia entre una opción u otra.

Tomada la decisión elegí una organización sin ánimo de lucro. En mi caso fué Cáritas. Podría haber sido cualquier otra, pero creo que Cáritas tiene más presencia que las demás, hace más cosas y por eso la elegí.

La gente

Uno podría pensar en principio que Cáritas es un sitio donde todo se hace a golpe de religión. Una especie de secta en la que le van lavando el cerebro hasta que uno termina en el seminario.

Y la verdad es que no: en Cáritas he visto voluntarios que son químicos de izquierdas, matemáticos rubios, amas de casa agnósticas, jefes de obra jubilados, físicas católicas, estudiantes de arquitectura, psicólogos musulmanes de derechas y gente delgada y gorda.

En resumen: hay voluntarios de todo tipo. En común compartimos las ganas de ayudar.

Los menesteres

Por aquello de que sé algo de informática me asignaron a unos cursos de informática para niños. Algo que puedo hacer relativamente bien, aunque tengo que hacerme algún curso al respecto. Por aquello de saber educar bien a los niños, no por la informática (que esa me la sé).

Hay niños de todo tipo: rubios, pequeños, que hacen falta de ortografía, grandes, católicos, a los que sus padres les pegan, españoles, con historias familiares muy complicadas, musulmanes y morenos.

En resumen: hay niños de todo tipo. En común comparten las ganas de jugar, les gustan los mimos, que les digas lo que han hecho bien y los juguetes.

Las conclusiones

Aunque quizá es un poco pronto para sacar conclusiones ahí van algunas rápidas:

  • Es gratificante ver que hay gente que ayuda y que se deja ayudar. Esto de la solidaridad funciona.
  • Tengo mucho que aprender, pero tengo buenos profesores: hay gente con muchos años de experiencia que lo hace muy bien.
  • Fuera los tópicos de politización y otros varios (como éste, algo maquiavélico). Esto de la solidaridad está en otra dimensión, inalcanzable para algunos, parece.
  • Creo que repito para el año que viene.

Una vez repartidos los juguetes (generosamente donados por una cadena de grandes supermercados, que no estoy seguro que deba nombrar aquí) tengo que preparar la fiesta de fin de curso de mañana. Y os dejo ya, que hay que recuperar el tiempo bien invertido.